"Pasamos por la vida sin tomar conciencia de que muchas de las cosas que hacemos a diario, incluso las más rutinarias, pueden transformarse en placeres liberadores", dice  #EvelyneBissoneJeufroy, en su libro “Cuatro placeres al día, ¡como mínimo!”.

Ahí la autora reflexiona que más a menudo de lo que creemos, somos nosotras mismas las que “ahuyentamos” el propio bienestar. Sí. Porque desconfiamos del placer, anteponemos las necesidades de otros a las propias, postergamos la felicidad por un futuro impreciso, y hasta llegamos a pensar que vivir en el sufrimiento es lo natural; lo que nos ha tocado.

Entonces, ella nos convoca a celebrar un contrato con nosotras mismas para ejercitar el placer como un acto de libertad: a través de un buen baño, de completar un crucigrama, leer un libro, tomar un rico café, o dar un paseo. Todos estos simples actos pueden hacernos mucho bien, si los vivimos con plenitud y con la conciencia del aquí y ahora (y ya no, mecánicamente).

La clave está en recordar nuestro cuerpo + mente + alma (y sus necesidades), y empezar a pensar qué tenemos ganas de vivir.

¿Cómo es el método del libro?


1- Hacé una lista de 25 a 30 placeres personales. Después, elegí cuatro diarios (como mínimo). 

2- Preguntate ¿cuándo? ¿dónde? y ¿con quién? los pondrás en práctica. Esto permite que cobren forma, y que los podamos concretar.

3- Colocá la lista en un lugar visible, para no olvidarla en tiempos de estrés, desgano o tristeza.

4- Una vez que el cuerpo se acostumbra a recibir bienestar diario, cuatro, cinco, o incluso diez veces por día, no lo olvida y siente que algo le falta cuando eso no ocurre 🙏

5- No es en una semana ni en un mes en que se instalará esta costumbre. Se trata de un contrato para celebrar con nosotras mismas (a largo plazo), y anclarnos en el instante presente, para siempre.


¿Por qué será que nos cuesta tanto darnos espacios de placer? ¿Cuál es uno de sus mayores placeres diarios? Esas cosas que hacen, sólo por el gusto de hacerlas.